Una melodía para todos: dibujo musical de una ciudad popular

Una melodía para todos: dibujo musical de una ciudad popular

Una melodía para todos: dibujo musical de una ciudad popular

Kevin Botejara


 

Nos encontramos estos días ante una pregunta que no nos habíamos planteado hasta el momento, pero que parece captar cuanto menos la curiosidad de la gente. ¿Necesita Santander un himno? Probablemente la respuesta a la pregunta con esta formulación sea “no, no lo necesita”, y parece que así se lo plantea el alcalde, de ahí su negativa inicial. Y desde luego nuestra ciudad necesita antes muchas otras cosas, y en esto, hecho infrecuente, estoy de acuerdo con el regidor municipal (aunque luego en las necesidades concretas y en cómo abordarlas ya seguro coincidamos más bien poco).

No obstante, podemos reformular la pregunta y cuestionarnos si sería positivo, y si quisiéramos, ponerle un himno a Santander. Y en este caso, la pregunta es indisociable de la música concreta que elevar a esa categoría, pues así es la propuesta del vecino Ángel López. Es decir, ¿queremos que ‘Santander la marinera’ sea el himno de la ciudad?

Y a partir de aquí podremos seguir debatiendo sobre si queremos o no un himno, pero sobre la habanera de Chema Puente como candidata se pueden decir algunas cosas, y buenas.

En pleno siglo XXI y la ambición del smart, de los proyectos fallidos u olvidados, en una ciudad que quiere ser algo y no termina de saber qué, ahí permanece impasible, serena a veces, otras brava y fiera, una bahía imponente, testigo y anfitriona de la historia de nuestra ciudad. Aun cuando ya no son los pescadores los que recorren su muelle a diario y los que habitan los barrios que se asoman a ella –culpa también de ese incendio voraz que pronto cumple su 75 aniversario–, ahí sigue, protagonista fundamental de nuestro paisaje, aún pendiente de una ciudad echada al mar, aunque cada vez navegue menos.

Son tantas las cosas que recoge ‘Santander la marinera’ que resume tan bien su carácter que un solo artículo no puede analizarlo. El perfil de Peña Cabarga a lo lejos; el faro –los faros- de Mouro y Cabo Mayor; las rachas de viento, conocidas en nuestros temporales; la Sotileza de Pereda, que pone nombre y vigila uno de nuestros principales parques…

Hablamos de una canción, además, y muy importante, suficientemente conocida y lo bastante cantada para no serle una sorpresa a los vecinos y vecinas, sino más bien el reconocimiento de un viejo familiar. Y para mayor convencimiento, si fuera necesario, desde el punto de partida y contra la norma habitual pone de acuerdo la opinión popular (la encuesta online del Diario Montañés mostró una clara mayoría a favor) y a numerosos expertos musicales, que con pequeños arreglos la ven como una opción sin duda adecuada. Puede que no estemos lejos de que unos y otros la entonemos juntos en diversas ocasiones, como en ese petardazo de salida de fiestas, capaz de llenar la Plaza del Ayuntamiento, pero que suele quedar huérfano de solemnidad y de comunidad.

Tal vez, en efecto, no sea necesario, pero quizá cantándola como himno, recordando quién somos como ciudad, cruzando puentes del diablo de la diferencia y divergencia de opinión, consigamos ponernos de acuerdo para solucionar las urgentes necesidades, y sabiendo qué fuimos, decidamos qué queremos ser. O quizá nada más que la cantemos, pero durante unos minutos, al menos, pensaremos juntos en una única Santander.

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